Religión y magia

La creencia en la magia, ocupó un destacado lugar en el mundo de la antigüedad grecorromana. Fueron distintos tipos de rituales mágicos los que se practicaron, según el objetivo a alcanzar. La magia benéfica, cuyo carácter solía ser público, fue practicada incluso por sacerdotes oficiales, como los augures romanos. No sucedía lo mismo con la magia negra, (maleficae, en latín), atribuida a hechiceras, y perseguida por las leyes. Según los textos antiguos, la creencia popular asignaba a las hechiceras una serie de poderes mágicos, tales como volar durante la noche, transformarse en animales, o provocar enfermedades y tormentas. Los principales dioses a quienes se encomendaban, eran Hécate, Diana y Selene. Los conjuros que más solían realizar eran los de magia erótica.

En la literatura clásica también encontramos brujas mitológicas, como Circe y Medea. Ambas dominaban los filtros mágucis (phármakon, en griego). Medea se convirtió en la principal figura de la hechicería. Séneca narra cómo esta legendaria hechicerainvoca a la Luna para vengarse de Jasón, desarrollando los aspectos maléficos del rito mágico:

He aquí el momento, Oh Febe, de asistir al sacrificio que preparé para ti. Para ti mi mano sangrante ha trenzado estas guirnaldas de 9 serpientes entrelazadas. Para ti son estos miembros que yo he tomado al rebelde Typhón que sacudió el imperio de Júpiter…”

La práctica mágica de la antigüedad contaba con un repertorio de elementos esenciales, tales como: el sahumerio, el sacrificio, la libación, el amuleto, etc. (Ap. III, 17), muchos de los cuales aún permanecen en nuestro entorno espiritual. Dichos materiales debían ser elegidos de acuerdo a la divinidad invocada, y cumplir una serie de correspondencias y rituales, para resultar efectivos. El fin hacia el que se dirigían era la realización de un deseo, adquisición de un conocimiento, u obtención de algún bien material por medios que de ordinario no son alcanzables por la limitada condición humana. El mago, en consecuencia, debe superar las leyes de la naturaleza, que limitan su poder como hombre por medio de tres procedimientos:

  •  Convertirse en un ser sobrenatural, mediante la inmortalización (apothanatismós). Se lleva a cabo la unión del mago con la divinidad solar, o bien a través de una iniciación mistérica, que le permite retornar a una primitiva naturaleza inmortal
  • Conseguir que un dios del mundo superior actúe en su favor
  •  Obligar a un ser intermedio inferior, (deimon o ánima) a que se ponga a su servicio.

El principio básico de la magia reside, pues, en la simpatía universal junto a una concepción pneumática de la realidad, que, en el caso de las culturas monoteístas, proviene de Dios. El término magia deriva de magi, uno de los elementos religiosos incorporados por los magos en la antigua Babilonia, aunque hubo magos en casi todas las culturas orientales y occidentales del mundo antiguo.

La magia y la hechicería estaban ligadas también a las creencias de pueblos orientales muy antiguos, en los que el mago o chamán era a la vez un sanador y un experto en el invisible mundo de los espíritus, del que actuaba como mediador. Su papel en la comunidad era determinante. En Grecia y Roma los adivinos y magos eran consultados a nivel popular.

Hierbas Mágicas

El uso de las hierbas se remonta a la Prehistoria, cuando los hombres las utilizaban para aderezar la carne de los animales que cazaban y a su vez, para ritos simbólicos, como amuletos y como ofrenda a los dioses.

En muchas partes del mundo y en diferentes épocas, existieron sanadores que dedicaron toda su vida a estudiarlas, a trabajar con ellas y a respetarlas. Sus vidas transcurrían en los bosques elaborando medicinas. La gente acudía a ellos para remediar sus males y, en consecuencia, quien conocía en profundidad el mundo de las hierbas, poseía un gran poder de sanación. Con el paso del tiempo, las propiedades curativas de las hierbas medicinales no han cambiado. Las plantas que curaban hace cinco mil años atrás siguen conservando su poder.

Algunas de las hierbas fundamentales en el herbario de una hechicera son: acebo, artemisa, hierba de San Juan, menta, pino, lavanda, romero, ruda, rosa y salvia. Las plantas con violentos efectos psicotrópicos fueron uno de los fenómenos más evidentes en la antigua medicina y la brujería. Tales eran la mandrágora, el beleño, la hierba mora (sonanum niger).De ellas afirmaban las hechiceras que producían grandes visiones una vez aplicadas en ungüento, o ingeridas, y , y que asimismo les permitía abandonar sus cuerpos y recorrer libremente el mundo.

La Mandrágora

La mandrágora ha sido una de las plantas más usadas en las prácticas mágicas de la Antigüedad y la Edad Media, especialmente en la elaboración de filtros amorosos, como talismán, y también como anestésico, pues pertenece a la familia de las solanáceas y es similar a la belladona, produciendo, en las dosis adecuadas, efectos letárgicos (catalepsia). (Ap.X, 4).

Es una raíz tuberosa, cubierta de pelos, que crece en las regiones cálidas. Sus hojas ovales son de color violeta o azul oscuro, y sus frutos bayas gruesas, blancas o rojas. Recibe el nombre de “pequeño hombre”, pues su raíz tiene forma antropomórfica y a veces posee una ramificación parecida al sexo masculino.

La Necromancia

La necromancia es una rama de la magia negra, que consiste en la adivinación mediante la consulta a los muertos y sus espíritus o cadáveres.

La nigromancia es la disciplina que se dedica al estudio de la muerte, y se centra en el control psíquico de los muertos mediante el para la obtención de ayuda

La necromancia en la historia

Estrabón habla de la nigromancia como la forma principal de adivinación entre los pueblos de Persia y se cree que estuvo también muy extendida entre los caldeos, en Etruria y en Babilonia. En La Odisea, Ulises viaja al Hades y trata de invocar a los espíritus de los muertos mediante hechizos que le enseñó Circe.

También existen casos de nigromancia en la mitología nórdica, con el mismísimo Odín llegando a llamar a los muertos para que realicen predicciones sobre el futuro. En Grecia, Roma y Cartago debió ser popular, tanto en su vertiente de invocación a los espíritus como de adivinación mediante los cadáveres.

La nigromancia, sobre todo en su forma de invocación de los espíritus de los muertos con propósitos mágicos o adivinatorios, es práctica común en religiones contemporáneas como el vudú y ciertas ramas del espiritismo.

Cultos mistéricos

Se llaman misterios a las ceremonias que procedían a la admisión de los iniciados en ciertos dogmas de cultos paganos secretos para el público.

Los misterios egipcios de Isis y Osiris parecen ser los más antiguos. Fueron llevados a Roma e Italia bajo este nombre, dando origen a las tres granes iniciaciones llamadas misterios órficos, misterios eleusinos y misterios samotrácicos.Las nuevas divinidades penetran en Roma de la mano de los nuevos líderes: Mario y Sila introducen diosas sirias (Ma Bellona). Los culto orientales proliferan tras la crisis del LXIX, y más tarde, en tiempos de Marco Aurelio.

Durante la época imperial romana ocurrió un fenómeno de sincretismo religioso entre los cultos latinos y los de divinidades procedentes de África y Oriente. En Roma, por ejemplo, los misterios eleusinos, cuyo origen se remonta a la Antigua Grecia, fueron introducidos bajo el nombre de misterios de Ceres o de la buena diosa, tomando también otros nombres particulares según los lugares en que se celebraban. También prosperaron los cultos de Hermes Trismegisto y de Asclepio, con antecedentes egipcios aunque helenizados.

Durante el Imperio Romano los ritos orientalizantes tuvieron por protagonistas a dioses que padecían (Atis, Dionisios, Osiris), y que hacían participar a los asistentes en sus exóticos ritos, lo que resultaba de gran atractivo para los romanos. Estos cultos brindaban, sobre todo, una teosofía que permitía dar a sus vidas un sentido, y una iniciación final.

El cambio se producía a través del compromiso: el iniciado se entregaba al dios, tal y como relata Apuleyo, (Ap. XI, 6), y manifestaba su entrega a través del vestido, de amuletos, e incluso de mutilaciones personales, como sucedía entre los seguidores de Cibeles.

Otros misterios

·Misterios báquicos Fiestas de Baco, más generalmente llamadas Dionisíacas u Orgías.

· Misterios pitagóricos: Iniciación en la doctrina secreta del pitagorismo.
· Misterios platónicos. Tentativa hecha por los valentinianos y los neoplatónicos de Alejandría para imitar las iniciaciones de Eleusis.

Los secretos cosmogónicos, los fenómenos astronómicos y el dogma moral y religioso despojado de las supersticiones vulgares eran el fondo de la doctrina que se revelaba a los iniciados. Estos misterios degeneraron con frecuencia en escenas que favorecían una oscuridad profunda en grutas y sitios similares. El que asistía a los misterios sin tener derecho a ello y el que revelaba sus secretos era castigado con la muerte.

Culto a Cibeles

El culto a Cibeles alcanzó su período más brillante en la época imperial romana, a partir de Augusto, y tal fue así que consiguió destronar a muchos dioses. Trajano, Adriano y Dicleciano construyeron templos, capillas y aras en su honor. Antónimo Pío, Cómodo y singularmente Heliogábalo, quien ostenta su fanatismo ejerciendo como sacerdote en los misterios de la diosa, y como ella recorre la ciudad en un carro tirado por dos leones, haciéndose llamar con su nombre. De esta manera, el culto a Cibeles se enriqueció con dos ceremonias añadidas: el taurobolium, y otra más espiritual.

El taurobolium exigía el sacrificio de un toro, del cual el sumo sacerdote recibía un bautismo de sangre. El sacrificio público se ofrecía siempre por la conservación del emperador y la familia imperial, con representación de todas las divinidades adoradas en el Imperio. Todo terminaba con una ceremonia llamada “la consagración de los vires”, en la que una parte del toro inmolado, se cree que sus testículos, se depositaban bajo el altar, en honor a Atis, y como símbolo de fortaleza y fecundidad. También se depositaban los elementos empleados en su sacrificio: cuchillo, flauta, castañuelas, un pino, el gorro frigio de Atis, o la imagen del dios mismo.

La ceremonia consistía en la manifestación exaltada hacia el dios, el acercamiento a su muerte permitía asimilarse con él:

He comido del pandero, —decían—, he bebido del címbalo, me he convertido en un iniciado de Atis.”

Cibeles fue asimilada por el sincretismo latino con la griega Rea, y se confundió a veces con Ceres y Ops. Sus sacerdotes se llamaban coribantes o gallae, y solían practicar la autocastración, en honor al dios menor Atis, a quien la mitología convierte en amante de la diosa, y que al parecer, rechazado por ésta, se mutiló él mismo. Formaban un colegio sacerdotal integrado por hombre y mujeres, y presidido por el Archigallus. Los ciudadanos romanos tenían prohibido entrar a formar parte de este sacerdocio.

El festival dedicado a la diosa frigia comenzaba con una ceremonia llamada “de las cañas”, pues parte de los gallae llevaban en sus manos unas cañas, tal vez porque Atis se escondió en un cañaveral en el momento de mutilarse. Continuaba con la ceremonia principal, portando un tronco de pino recién cortado que, místicamente representaba a Atis muerto.

En la noche siguiente se celebraba una vigilia. Las lamentaciones por el simbólico funeral y los ayunos terminaban al alba, cuando el Archigallus pronunciaba las palabras:

Elevad el espíritu, oh iniciados, al ver que el dios se ha salvado, pues también nosotros, tras las penalidades sufridas, hallaremos la salvación.

Sobre Cibeles y Atargatis

Apuleyo nombra a la diosa siria, (Ap. VII. 24.84) pero no especifica su nombre. No puede identificada con Cibeles, pues hace una clara distinción entre ambas, (Ap. X, 10), donde se lee:

“Por una simple copa que la madre de los dioses, (Cibeles), ha ofrecido a su hermana la diosa siria…” Lo más probable, pues, es que la diosa siria sea Atargatis, sincretizada con las demás diosas (Cibeles, Venus, Rea, Minerva, Juno…)

El culto isiaco

Apuleyo, en las Metamorfosis, hace decir a Isis: “Todo el mundo, con diversos ritos y diversos nombres honra mi poder.”

En Europa, y más allá de ella, el culto a la diosa Isis se difunde desde la Antigüedad. Isis entra a formar parte del panteón egipcio desde tiempo inmemorial, formando, junto Horus y Osiris una de las primeras tríadas, y participa en el primigenio mito de la lucha entre el bien y el mal. Es, tal vez, la primera religión iniciática que propone al hombre una vía de salvación.

Isis de las mil caras, se la llamaba en Roma, identificándose así con todas las divinidades femeninas locales, que existía y existe antes de ellas, en el III mileno a.C y en el actual. Representa en amor filial,—une los miembros desmenuzados de Osiris y les da vida para concebir a Horus—, la lucha por la justicia.
Sus acciones principales son la victoria contra el mal, representado por Set, y la vida eterna.

El culto isiaco se integra dentro de las creencias del pueblo romano a partir de la crisis del siglo II.a.C, cuando la opresión de Aníbal, y los desastres de Trasimeno y Cannas alteraron la concepción que el pueblo tenía de unos dioses que ya no podían protegerle. Y es que la crisis de valores se hace notar también en lo religioso, donde en Roma, la religión familiar ya no tenía sentido y Grecia se había visto desprovista del valor religioso de sus mitos, por eso se estaba produciendo en el mundo greco-romano la recepción de religiones orientales, con toda la carga de exotismo, misterio y lejanía que lo sobrenatural lleva consigo.

La zona de Campania fue de las primeras en aceptar los cultos orientales, y aparecen múltiples adoradores de Isis en esta región, al tiempo que se funda en Roma el primer colegio de pastóforos, en el siglo II a.C. Las vestimentas blancas y la costumbre de raparse la cabeza, lo que se lucía con orgullo, como distintivo espiritual, se mantuvieron también en Roma.

El canto XI de “EL asno de Oro” de Apuleyo, constituye una de las fuentes más interesantes para el estudio del culto isiaco en el Imperio Romano. La importancia de esta diosa fue tal, que se ha llegado a considerar esta obra integrante de las llamadas “obras de propaganda religiosa.”

Dicho canto comienza con la súplica de Lucio a la diosa Isis “Reina del Cielo”, que aparece ante él encarnando la mejor definición de la Isis romana: “Encarnación única de dioses y diosas.”

La identificación de Isis con las diosas greco-latinas hizo que el círculo de divinidades sincréticas se extendiera por todo el Imperio; Isis fue similada a partir de entonces con Bellona y Rhamnusia. La lista de los “Mil Nombres” fue así ampliada: “La madre de la inmensa naturaleza, la dueña de todos los elementos, el tronco que da origen a las generaciones…” (Ap. XI, 5). Éstas y otras muchas atribuciones relacionan a la diosa con la providencia, dada su relación con las crecidas del Nilo, y su condición de protectora de los navegantes, de ahí la procesión en su honor conocida como Navigatio Isidis.

En la descripción brindada por Apuleyo, la propia diosa, a quien Lucio observa, ofrece un gran número de detalles: Isis tocada con una corona de flores, de la que pende un disco, con “ureus” a ambos lados (víboras a punto de incorporarse), resaltado por las espigas que la identifican con Ceres. La diosa viste una túnica multicolor, que representa la materia y está al alcance de los hombres, (en contraste con la vestidura de Osiris, blanca, como corresponde al “Ser primordial”). (Pl, 77). Sus sandalias son de hojas de palmera, (El árbol de la victoria). Isis porta también sus atributos, un sistro que podría identificarse con el vaso canopo que contiene el agua del Nilo, símbolo de Osiris.

Existe, en el Museo de Nápoles, una escultura de Isis que recuerda la aparición contemplada por Lucio, pero añadiendo el nudo isiaco. La trascendencia de este símbolo estuvo vinculada a sus poderes tanto benéficos como maléficos, así como al carácter mistérico del culto, y al Mas Allá, simbolizando la ausencia de dificultades para los iniciados.

La parte superior del sistro representa a la Luna, y en su interior, en la órbita descrita por el astro, se encuentran los cuatro elementos (aire, tierra, fuego, aire), simbolizados por los cuatro caulículos que se cimbrean y producen el sonido.

El flagelo posee un elaborado simbolismo numérico, con su triple cuerda y sus grupos de siete nudos, que conecta con la doctrina pitagórica sobre los fundamentos matemáticos de las consonancias musicales y planetarias, los siete planetas conectados a las siete notas del heptacorde. La cuerda que vibra, el sistro que se agita, el tripudium, o los tres tiempos de las danzas cíclicas sacerdotales (saliares), representan una fuerza impulsora, masculina (la que se mueve), y una fuerza resistente, femenina, (la que se mueve). La importancia de la música en el ritual diario queda demostrada en la obra de Apuleyo, donde aparecen iniciados haciendo sonar el sistro, e incluso es representado, probablemente, uno de los flautistas de Serapis. (Ap. XI, 9).

Tanto el 3 como el 7 son “números de movimiento perpetuo”:

Tres: El número de la relación, de la trinidad mística tres-en-uno.

Siete: El número del crecimiento, del progreso, de la armonía, que da la misma secuencia repetitiva cuando se divide la unidad.

El significado mágico del número 3 está igualmente representado en la naturaleza triple de la Hécate lunar. Y son tres las veces que los magos, normalmente repiten sus invocaciones:
La sacerdotisa, tres veces, con una voz de trueno, invocó a los cien dioses, el Erebo, rel Caos, la triple Hécate, los tres rostros de la virgen Diana. “

La Iniciación

La iniciación fue, sin duda, lo más atrayente de todos los ritos orientales: respondía a las inquietudes originadas por las crisis espirituales de los romanos, y prometía el tránsito al Más Allá, bajo la protección del Dios.
Sin embargo los iniciados debían cumplir los más estrictos requisitos, que la propia Isis recuerda a Lucio: “Tu escrupulosa obediencia, tus piadosos servicios y tu castidad inviolable.”

Las iniciaciones básicas, según Apuleyo son dos (Ap. XI, 22-24 y 28-30), complementadas por una tercera, la osiriaca, que era el requisito para entrar en el colegio de los pastóforos romanos.

En primer lugar, el sacerdote-guía mostraba al aspirante los textos sagrados, escritos en escritura jeroglífica. Tras un acto de purificación, al futuro iniciado se le permitía contemplar la efigie de la diosa y postrarse ante ella. Después de estos preliminares, comenzaba un período de renuncias, con abstinencia de carne y vino, que duraba diez días. Entonces se inauguraba el verdadero rito iniciático; el aspirante, vestido con una túnica de lino, era introducido en un tabernáculo, donde pasaba la noche. A la mañana siguiente, era vestido con una clámide sobre las doce túnicas sagradas, probables símbolos de los doce signos zodiacales egipcios. La clámide, denominada “estola olímpica”, la antorcha que portaba el iniciado y la corona de palmera identificada con los atributos del Sol, (Ap. XI-24), presentaban, a los ojos de los fieles, a un ser divinizado.

En el ámbito procesional, Apuleyo cita al dios alejandrino Serapis, nunca a Osiris, cuyo conocimiento estaba velado a los profanos.

El verdadero protagonista de los ritos iniciáticos isíacos es Osiris, quien padece muerte y resurrección, siendo el jefe supremo de los pastóphoros. Mientras, Isis, encierra el simple significado del mito primitivo, sus implicaciones con la fertilidad y resurrección, con la Naturaleza, como Diosa Madre vinculada a los ritos del Más Allá y a la Magia, en sincretismo con las demás divinidades femeninas (Ártemis, Cibeles, Némesis, Hécate…)

Los inciados en estos misterios conmemoraban a sus dioses con diversas festividades a lo largo de todo el año romano, siendo las más importantes la “Inventio Osiris”, de finales del mes de Octubre, y en torno al 5 de Marzo, la “Navigium Isidis”.Así pues, en Roma el culto se organizó en mediante un curioso sincretismo de costumbres egipcias en torno al “Mito de Osiris”, en una vertiente popular, el culto isíaco, y otra menos desvelada, en planos espirituales y culturales, como es el culto Osiriaco.

El Crata Nepoa describe como siete los grados iniciáticos:

El neófito pasaba en la escuela de Tebas por las doce puebas preliminares, en la intimidad meditativa con Dios y el dominio de las pasiones. Si triunfaba en estas terribles pruebas recibía los tres primeros grados de iniciación, que se llamaban Pastophoris, Neocoris y Melanephoris.

Después se le dejaba en una cripta llamada “Puerta de la Muerte”, a la que seguramente aluden el Libro de Job y los Evangelios .

Superada esta prueba, se le llevaba a la “Cámara de los Espíritus” para ser juzgado.

Al recibir el cuarto grado, Kritophores, se le comunicaba al candidato el oculto nombre de IAO.

En el quinto grado Balahala, se le comunicaban los secretos de la alquimia, en nombre de Horus.

En el sexto grado se le enseñaba la danza cíclica sacerdotal, que simbolizaba el movimiento de los planetas.

El séptimo grado correspondía a la iniciación en el misterio final, y entonces recibía la cruz, (tau). que al morir le colocaban sobre el pecho. Así se convertía en hierofante.

El camino de la Iniciación. Simbología pagana versus versión cristiana

Apuleyo, por supuesto, no revela todos los secretos de la ceremonia, que deben reservarse en el misterio, sin trascender al ámbito profano, pero sí describe la experiencia de la iniciación: (Ap. XI, 23).

Llegué a las puertas de la muerte, pisé el umbral de Proserpina10 y a mi regreso crucé todos los elementos; en plena noche, vi el Sol que brillaba en todo su esplendor. Me acerqué a los dioses del infierno y del cielo; los contemplé cara a cara y los adoré de cerca.”

Descripción de un carácter muy similar al de la concepción pagana del universo expresada en la magnífica obra de Dante, La Divina Comedia:

A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado. Mas, cuando hube llegado al pie de un monte, allí donde aquel valle terminaba que el corazón me había aterrado, hacia lo alto miré y vi que su cima ya vestía los rayos del planeta que lleva recto por cualquier camino.”

A lo largo de todas las épocas se ha tratado de representar el camino iniciático de muy diversos modos, y siempre en forma de alegorías, difíciles de interpretar para los profanos. El arte del Renacimiento ofrece múltiples evidencias, y sin duda la más representativa en este caso, por su innegable analogía con el relato de Dante, corresponde a la obra neoplatónica, realizada probablemente por Leonardo Da Vinci para Franchinus Gafurius para servir de portada a su tratado De Practica Musice, y titulada “La música de las esferas”.

En este grabado se muestra la revelación de un misterio: En él, el Universo entero se nos presenta encerrado dentro de nueve círculos o esferas, cuyos perfectos movimientos producen una armonía, que crea una música divina, inaudible, que se expande por todo el Universo.

Al ilustrar esta Música de las Esferas, Gafurius colocó las tríadas de las Gracias y de Serapis en los extremos opuestos de la gran escala cósmica, que imaginaba con la forma de serpiente que conectaba el Cielo con la Tierra. En lo alto, las Tres Gracias aparecen a la derecha de Apolo, que con su lira de siete cuerdas (heptacorde), que simboliza las consonancias musicales y planetarias, dirige la danza, al tiempo que anima a las esferas celestes, que se despliegan a sus pies, con sus sones. Gafurius lo expresará diciendo:

Las Musas, los planetas, los Modos y las cuerdas se corresponden unos con otros.”

Las esferas se emparejan, en consonancia, con las Musas, a excepción de Talía que se asocia al planeta Tierra. Al final de la escala, la trinidad de Serapis se cierne sobre las últimas y más bajas de las emanaciones musicales, las tres cabezas animales, que simbolizan el tiempo devorador en sus tres aspectos —pasado(lobo), presente, (león), y futuro (perro), identificado con Cerbero, guardián del reino subterráneo.

Sin embargo, el Universo entero, desde lo más alto hasta lo más bajo, aparece impregnado por el ritmo triádico que el mismo Apolo iniciara en Delfos, cuando vencio a la serpiente Pitón. Gafurius quiere expresar que el Tiempo surge de la Eternidad, que la progresión de la serpiente depende de la relación con la esfera más alta, donde su cola se enrosca en un círculo, sobre el que se levanta Apolo. Del mismo modo, las Musas son 9, y su raíz cuadrada, el 3, representa la Trinidad, encarnada por las tres Gracias que aparecen junto a Apolo. (Ya se ha hablado del simbolismo del 3 y el 9).

El espíritu, en su envoltura carnal, debe enfrentarse al tiempo, (el oscuro valle), sus trampas terrenales que le confunden y alejan del orden universal, en un camino lleno de vicisitudes, como el narrado por Dante o Apuleyo. Pero las Musas, a través de la inspiración de las Artes divinizadas, , le guiarán de nuevo hasta la cima, “y vi que su cima ya vestía los rayos del planeta que lleva recto por cualquier camino”, donde reside la Luz absoluta de Apolo. Este universo musical también aparecía en La Divina Comedia de Dante, en el Paraíso,en cuyo Primer Canto, y antes de recorrer las nueve esferas móviles, donde están situadas las almas de los santos, de los héroes y de los sabios, el poeta hace su invocación a Apolo, así como también ya era conocido por los estoicos y los pitagóricos, y Cicerón la desarrolló en “El Sueño de Escipión”.

Tan extensa alegoría espiritual pagana estaba destinada a alimentar a un cristianismo ávido de una simbología que pronto suplantó por símbolos propios, que contravenían a aquellos celosamente guardados por los iniciados de todas las grandes civilizaciones de la Antigüedad .Así, el descenso de la serpiente de Gafurius sería entendido por la nueva fe como una caída, el exilio de Eva, sometida al tiempo y las tentaciones. Y de igual modo las Musas y las Artes estarían condenadas, como dicta el Primer Mandamiento bíblico contra las imágenes .Ello se contrapone en gran medida a la interpretación clásico-pagana, donde la serpiente no estaría en oposición al dios, sino que es una manifestación de su fuerza y armonía, que debe superar las etapas del Mundo y del Tiempo para trascender, a través de la Iniciación, al don de la Inmortalidad.

Sobre el Asno y la Natividad

En el portal de Belén, el buey y el asno aparecen como símbolos bíblicos de fidelidad a su señor , de paz, porque si el hombre puede dedicarse a la agricultura es que no tiene que dedicarse a la guerra porque no habrá guerras.

(Isaias 1,3:) «Conoce el buey a su señor y el asno el pesebre de su amo. Israel, en cambio, no conoce; mi pueblo no me comprende.»

(Isaias 32, 15 )«Sobre nosotros se derramará el espíritu de Dios venido de lo alto: entonces el desierto se trocará en vergel y el vergel se cambiará en selva. En el desierto reinará el derecho, y la justicia habitará en el vergel. De la justicia brotará la paz, y del derecho, la calma y la seguridad por siempre. Mi pueblo vivirá en mansión de paz, en moradas seguras, en apacibles lugares de reposo. Felices vosotros, que entonces sembraréis junto a todas las aguas, dejando suelto al buey y al asno».

El lobo y el cordero pastarán juntos, el león comerá paja como el buey y la serpiente se alimentará de polvo”.

No se hará ya más mal ni daño en todo mi santo monte -dice el Señor-“.

De esta simbología es de donde procede que el evangelista sitúe buey y asno en el Portal de Belén, significando el ‘PUEBLO FIEL’ que aguarda la venida de su Señor.

El día del Sol Invicto

La fecha del nacimiento de Jesús es incierta. Se conoce el año de su nacimiento, pero no se sabe el día. La Iglesia no celebra cronología, sino el misterio. Se fijó la fecha de su celebración el día 25 de diciembre por las siguientes razones:

El emperador romano Aurelio estableció que el día 25 de diciembre se celebrara la fiesta de la “natividad del sol Invicto”. Para conmemorar la introducción de la fiesta, se cuñaron monedas con la inscripción: “el sol, señor del imperio romano”. La Iglesia romana, preocupada por la participación activa de muchos cristianos en las fiestas organizadas en honor del dios Sol y por la extraordinaria difusión de su culto, el papa Julio I (337-352) estableció que los cristianos celebraran en el mismo día 25 de diciembre el Nacimiento de Jesús, que es el Sol de lo alto que ilumina las tinieblas reinantes en la tierra y en el corazón de la humanidad.

Posteriormente, los Padres de la Iglesia dieron otra interpretación para establecer el día 25 de diciembre el nacimiento de Jesús. Unos días antes, el 21 de diciembre es el solsticio de invierno, día del triunfo de la luz sobre las tinieblas.

El día 25 se observa que la luz del día va creciendo y poco a poco va disminuyendo la oscuridad. Con este símbolo cósmico de la luz creciente, los Padres compararon la fiesta de la Navidad con la de la Pascua de Resurrección. Cuando Jesús nace reina la tiniebla en el mundo y con su nacimiento se planta en la tierra la Luz que irá disipando las tinieblas hasta llegar a su máximo resplandor en el día de la Resurrección de Cristo. El Cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, ilumina con su resplandor al universo entero.Desde entonces, la Iglesia celebra cada año el gran misterio del nacimiento de Jesús en Belén el día 25 de diciembre.

Prehistoria y Protohistoria de la Península Ibérica

Autores:  Jean Clottes & David Lewis-Williams 

Comentario del libro:  Los chamanes de la prehistoria por Minerva Serrano

Se trata de una obra de carácter  divulgativo, que  examina el significado del arte paleolítico desde el punto de vista de  su fuerte vinculación al chamanismo, expresión de su cosmovisión y sus prácticas rituales.

Escrito por Clottes J. Y Lewis-Williams, dos eminencias en el arte prehistórico, el estudio arranca con una introducción al chamanismo, sus prácticas, sus técnicas, los estados alterados de la conciencia, la función en las sociedades arcaicas (caza, sanación, contacto con espíritus de los animales o tutelares).

Poco después de su publicación, el libro levantó gran polémica en el mundo académico. Controversia. Acusados los autores de tratar el tema de manera superficial, o demasiado divulgativa quizá, este estudio mereció un segundo volumen, más que generoso y denso por parte de uno de sus autores (D. Lewis-Williams): La mente en la caverna. De aparición reciente, esta continuación has sido aclamada entre la crítica como uno de los tratados revelación más importantes.

Síntesis

Capítulo 1. El chamanismo.

Señala los primeros contactos de los exploradores occidentales con el mundo indígena desconocido, donde hallaron nuevas creencias religiosas  y sus ceremoniales, que describe en concreto en lugares tan distantes como  Siberia, América del Sur y Central y Sudáfrica.En ellos,  se encontraron con individuos que alcanzaban el éxtasis místico de diferentes maneras,  y rechazaron a ultranza sus conductas, sometidos como estaban al rigor de la Iglesia católica.

Los autores se adentran en el arte de los san, una cultura aborigen del sur de África, que hasta tiempos recientes realizaban aun pinturas ‘rupestres’ en las cuevas y abrigos de sus montañas. Este pueblo pudo ser estudiado y sus pintores entrevistados por misioneros y curiosos occidentales, dejando material escrito sobre las intenciones y propósitos en su tipo de arte. En este apartado ya se denotan las conexiones y relación entre la finalidad y motivo del arte de los san y las prácticas chamánicas que ellos mismos realizaban.

Consideran el estado alterado de conciencia un hecho universal y atemporal, que forma parte del sistema nervioso humano, al margen de la religión. Este conocimiento ha proporcionado un mejor acceso a la vida mental y religiosa de los pueblos de Europa occidental durante el Paleolítico Superior.

Los estados de conciencia se dividen en dos:

  • La plena conciencia: Donde somos conscientes de nuestro entorno y capaces de reaccionar a  él de forma racional.
  • Los estados profundos: Inherentes al chamanismo, donde se perciben experiencias  que puede ser felices, terroríficas…  Es lo que se conoce con el nombre de “trance”, y afecta a los sentidos (olor, oído, gusto). Tales estados pueden ser motivados por drogas psicotrópicas, o inducidos a través del ritual chamánico, en el que se induce, manipula y explotan los estados profundos de la conciencia.

Las etapas neuropsicológicas  ha demostrado que se pueden distinguir tres grandes etapas del trance,  en las que las percepciones de los chamanes evolucionan desde formas geométricas  que se transforman en objetos cargados de significado religioso o emocional, para terminar proyectándose sobre las superficies. Este tercer estadio conlleva experiencias muy intensas, donde el chaman puede sentir que se transforma en un animal. (Imágenes de chamanes transformados en antílopes en cuevas rupestres de África del Sur).

En este libro, la denominación de chamán se restringe a las sociedades de cazadores-recolectores que practican ritos específicos, y se interesan por los enormes parecidos que existen entre chamanes de diferentes partes del mundo y diferentes épocas.

Se describen las distintas formas en que los chamanes de diversos lugares del mundo desarrollaron los estados de conciencia alterada, dentro de un universo propio: África del Sur, Inuit ammasalik (esquimales) y América del Sur, (jíbaros).

Las sociedades de cazadores-recolectores piensan que  en el tercer estadio del trance el espíritu del chamán abandona su cuerpo, lo que suele entenderse como:

Un vuelo (que puede ser referido a los pájaros, como el águila de los chamanes de Siberia). Creencia en las brujas  y sus viajes diabólicos aún en época medieval. Sensación de elevarse, expresada mediante una escalera, árbol poste.

Un viaje bajo tierra o mar. La universalidad de las creencias en el descenso subterráneo  puede ser explicada por las sensaciones neurológicas de oscuridad, torbellino y aturdimiento de un mundo alucinatorio del tercer estadio. Durante el Paleolítico Superior, la entrada en una cueva podía equivaler a entrar en un trance profundo, en el que se creaba un mundo espiritual y animado, combinado con la imágenes en las paredes.

El cosmos chamánico se divide en tres estratos: el de la vida cotidiana, un mundo superior y otro inferior, del que las cuevas han sido un componente. El arte rupestre chamánico  muestra como los elementos y estadios de origen neurológico se expresan a través de una cultura concreta, el arte paleolítico.

En África del Sur, el elán[1]  parece estar relacionado con el poder chamánico sobrenatural, entre otros simbolismos asociados. Cuando un lean es cazado, el lugar donde yace se convierte en signo de poder. En las pinturas naturalistas, el poder se canaliza utilizando la sangre del animal como ingrediente, de manera que los dibujos vienen a ser una reserva de poder.

La roca posee también un simbolismo  propio dentro de  esta cultura: aquello que la pared oculta aporta un sentido espiritual a las pinturas y la condiciona. Las imágenes  de manos pretenden establecer un lazo entre la persona, la roca y el mundo de los espíritus que viven bajo ella. Tocar tendría así la misma importancia que pintar.

Asimismo, la representación de murales conduciría al más allá, constituyendo verdaderos pasadizos hacia el mundo de los espíritus donde los chamanes en trance podían acceder, y donde mezclaban sus propias imágenes mentales en tres dimensiones.

Capítulo 2 : El arte de las cavernas y de los abrigos.

Se centra  en el hecho de si las  pinturas de Altamira si fueron producto del arte paleolítico cuyo reconocimiento admite Emile Cartailhac hasta 1902. En este capítulo los autores analizan las características del arte parietal y mobiliar europeo señalando que la autenticidad y probable edad en que se efectuaron constituye el quid de las pinturas rupestres.

El estudio  que realizan en las diversas grutas les permite afirmar que la proporción de animales varía según el lugar, pero la asociación de ciertos animales peligrosos no es producto del azar, señalando que hay un cambio temático importante entre un periodo y otro; pero a diferencia de lo planteado por Leroi-Gourham en el sentido que el bestiario es un sistema de representación simbólico del mundo vivo que dura todo el Paleolítico, Clottes y Lewis-Williams consideran que las variaciones en las representaciones animales son significativas ya que al inicio del Auriñaciense se representan rinocerontes, felinos, mamuts y osos, en tanto que en el Gravetiense esta fauna desaparece y son los bovinos, caballos, cabras, ciervos y aves los animales más representados.

Constatan una falta de protagonismo del hombre en la mayor parte del arte rupestre Paleolítico mundial lo que contrasta con el Neolítico o la Edad de los metales ya que las figuras humanas parecen ser el centro de atención; pero las pocas figuras representadas presentan dos características sobresalientes: están señaladas por una forma incompleta y reducidas a un segmento corporal y son poco naturalistas.

Capítulo 3 Los cien años de investigación de los significados

Está  estructurado sobre la base de que todos los dibujos son un medio de comunicación en diversos grados y a pesar de sus insuficiencias, las tentativas de explicación del arte paleolítico conforman los fundamentos del pensamiento contemporáneo que dependen para su interpretación de tres aspectos: el contenido del arte, su contexto arqueológico y las comparaciones etnológicas. Los autores manifiestan que la elaboración de las teorías interpretativas ha avanzado en función de tres parámetros principales:

1) El número y naturaleza de los descubrimientos que condicionan la materia y los progresos de la investigación;

2) El estado de la investigación condiciona las interpretaciones por lo que sin un estudio del contexto, las especulaciones son en vano; y

3) El avance en la investigación de otras disciplinas, especialmente la etnología, física y química favorece el conocimiento sobre el arte rupestre.

Capítulo 4 arte de las cavernas y chamanismo

Constituye el hilo  comunicante con los capítulos precedentes. Así, enfatiza que la capacidad de alucinar no sólo es una característica propia del humano ya que muchos animales la experimentan por ser parte constitutiva del sistema nervioso de los mamíferos; por ello sostienen que seguramente tanto los australopitecus como los neandertales tuvieron alucinaciones.

La idea que rige este capítulo se centra en la idea que los cazadores-recolectores ya contaban con una necesidad imperiosa en su propia organización social por racionalizar la tendencia universal del sistema nervioso humano que les permite acceder a los estados de conciencia alterada, por lo que el contexto de las imágenes podrá descubrir la práctica de ciertas formas de chamanismo.

Capítulo 5: El mundo chamánico

Propone que son cuatro los elementos que intervinieron para que una caverna se utilizara:

1)  La topografía de la gruta, sus corredores y salas,

2) El funcionamiento universal del sistema nervioso humano y sus relaciones con los estados de conciencia alterada,

3) Las condiciones sociales, las cosmologías y creencias religiosas de los diferentes periodos de utilización de la caverna, y

4) La forma que los individuos y los grupos explotan todos los elementos y los manipulan para su ventaja.

Los planteamientos de Clottes y Lewis-Williams  aportan una  lectura  recomendable para todos aquellos interesados en la arqueología rupestre y en los orígenes de las religiones ya que se constituye en un nuevo proceso interpretativo que puede ser de gran interés para los especialistas en la materia. Pero como diría Leroi-Gourhan:

“Sólo podemos percibir la religión paleolítica en una débil penumbra(…) Esta extraordinaria asamblea ordenada en las paredes permanece muda(…) Aquello que figuraba en el contenido oral y operativo de la religión paleolítica era quizá mucho más variado de lo que trasluce a través de las figuras”.

 


[1] Antílope africano de mayor tamaño


 

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