Los dioses

La historia de Cibeles, la Madre de los Dioses,  cuenta con más de mil años, y un largo periplo.  Desde Frigia, en tiempos de Troya, hasta el siglo XVIII, en Madrid, ha ido buscando su sitio, y parece haberlo encontrado, al fin, en la capital ibérica. Dejemos que un personaje de Las Novias del Tiempo, mi novela sobre Cibeles, nos lo cuente desde el principio.

“De niño me contaron esta historia, y  siempre ha estado viva, dispuesta a ser contada de nuevo. La he llevado conmigo, en parte como recuerdo, pero también como si los dioses me hubieran elegido para transmitirla de pueblo en pueblo, en cada alto entre batallas.

Un rey italiano del linaje de Eneas, llamado Tiberino, se casó con una hija del adivino Tiresias, llamada Mantho. La fabulosa mujer se había arrojado al mar cuando Teseo perdió el reino de Atenas, y la llevaron como trofeo de guerra a Delfos. Consiguió llegar a nado hasta las costas de Italia,  donde Tiberino  la encontró, desposándose con ella.  Tiempo después  el rey cayó al río Albula durante una guerra, y se ahogó. A partir de entonces Albula, el río de Roma, en su honor,  pasó a llamarse Tiberus. Tiberino y Mantho tuvieron un hijo llamado Ocno Bianor. Éste fundó una ciudad, y la llamó Mantua, en honor a su madre. Estaba próxima a Placentia, la ciudad de la Galia cisalpina conquistada por Roma, que ahora había albergado al ejército romano en su viaje por la llanura padana.

Los problemas empezaron con los derechos de sucesión al trono entre Tiberis, hijo legítimo y Ocno Bianor, nacido de las relaciones de su padre con una hermosa mujer llamada Mantua. Ésta fue finalmente expulsada del reino, en compañía de  Ocno, por lo que arribaron a tierras itálicas, donde fundaron la ciudad de Mantua. Allí fue donde, después de un tiempo,  Ocno Bianor tuvo un sueño revelador en el que los dioses le indicaron que su destino se hallaba en occidente, allí  donde el Sol se funde con las sombras cada noche. Entonces decidió dirigirse en esa dirección, cumpliendo el designio divino. Tras un largo viaje, halló una fértil tierra donde el agua abundaba, así como los bosques de encinas y madroños. La habitaban pastores y campesinos, a los que llamaban Carpetanos, o los sin patria, pues le dijeron que llevaban tiempo esperando la llegada de un mensajero de los dioses que les indicase dónde construir su ciudad, y sus hogares. Ocno Bianor les habló de su sueño, y no tardaron en levantar murallas, casas, graneros, talleres y fundiciones. Por fin, eligieron un nombre para su nuevo pueblo, que fue el de Mantua, en honor a  la madre de quien les había revelado su destino. Así nació la Mantua Carpetana.

Instauró entonces  un antiguo culto a una diosa frigia en la nueva  polis carpetana, edificando su santuario junto a un  río que discurría por entre dos colinas enfrentadas: “Matrice”, madre de aguas, la llamaron desde entonces.

En el siglo III a.C, los  destinos se cruzaron. La guerra en Hispania había destruido el santuario, y la diosa frigia deseaba volver y reconstruirlo. Pronto el oráculo délfico señalaría que la diosa fuera llevada de  Asia a Roma. Y de allí, un día, zarparía rumbo a Hispania.

Me dijeron que Mantua, había sido destruida, y que nosotros debemos fundar otra en su lugar, y dedicarla a la diosa Cibeles. Esta ciudad deberá tener tres nombres. Metragirta, en honor a la diosa, Miaccum[1], por Hispania…. y Ursaria.[2]Aquello tenía sentido. La propia Roma tenía tres nombres: el nombre secreto era Amor, el sacerdotal Flor, y el público Roma.


[1] Nombre que procede de la voz hebrea Miakud, a la que se dio la versión latina ex-incendio, acorde con la interpretación que algunos han dado al nombre de Madrid cercada de fuego por ser de pedernal sus murallas.
[2] Una  teoría bastante aceptada dice que Ursaria fue el primer nombre dado por los romanos al primitivo asentamiento de Madrid, por ser tierra abundante en osos. Existe otra afirmación paralela según la cual Ursaria proviene de “Ur” que, en hebreo significa “fuego”, por ser tierra abundante en pedernal. “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”. El escritor Pedro Montoliu afirma que es a semejanza de una antigua frase de “Madrid la Osaria, cercada de fuego, fundada sobre agua”. Me dijeron que Mantua, había sido destruida, y que nosotros debemos fundar otra en su lugar, y dedicarla a la diosa Cibeles. Esta ciudad deberá tener tres nombres. Metragirta, en honor a la diosa, Miaccum[1], por Hispania…. y Ursaria.[2]Aquello tenía sentido. La propia Roma tenía tres nombres: el nombre secreto era Amor, el sacerdotal Flor, y el público Roma.

[2] Una  teoría bastante aceptada dice que Ursaria fue el primer nombre dado por los romanos al primitivo asentamiento de Madrid, por ser tierra abundante en osos. Existe otra afirmación paralela según la cual Ursaria proviene de “Ur” que, en hebreo significa “fuego”, por ser tierra abundante en pedernal. “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”. El escritor Pedro Montoliu afirma que es a semejanza de una antigua frase de “Madrid la Osaria, cercada de fuego, fundada sobre agua”.
La fundación de la nueva ciudad carpetana  se haría de acuerdo al rito sagrado romano, para lo que quedaba establecido  el rito fundacional de la primera piedra[1], de manera análoga al realizado durante la Segunda Guerra Púnica. La primera piedra, sería  la que representara  a la Magna Mater, protectora de toda nueva fundación. El rito consistía en colocar una piedra al dios de la región, y normalmente otra dedicada a los dioses romanos, representando así un altar. Cibeles era representada de por sí por una piedra caída del cielo, un meteorito negro. Sus santuarios eran  edificios que literalmente flotaban  sobre zonas de abundante agua corriente. Y sobre él se colocaba una reproducción de la Piedra Negra de Pesinunte, la representación misma de la divinidad, la Magna Mater”.La “Primera Piedra”,  necesaria para alcanzar los “principios permanentes”, tenía un carácter protector , que, a partir de ese momento se extendería a las provincias hispanas. La campaña quedaba pues, bajo la protección de la diosa frigia.
[1]La primera piedra es la piedra fundamental de una construcción. Es la que se coloca en los fundamentos del edificio, en el ángulo nordeste; las piedras sucesivas se colocarán posteriormente en los ángulos respectivos según el sentido del curso aparente del sol. La idea de ‘estabilidad’  expresa la función de Cibeles en cuanto ‘Madre Tierra’. Cibeles es propiamente la “diosa de la montaña”, Simbolizada por la “piedra negra” debe considerarse como una figuración reducida de la montaña que representa en sí al eje mismo que vincula cielo y tierra.
Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada. René Guénon

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s